domingo, 3 de julio de 2016

scordatura

Una suave melodía interpretada únicamente por cuerdas comenzó a sonar y ella cerró los ojos a la vez que el vello se le erizaba. Las lágrimas forzaban sus párpados y se imaginó sola, en un lugar que ni siquiera ella conocía y donde comenzó a llover.
Notaba las gotas rozar su piel como muchas veces quiso hacerlo la muerte y muchas otras lo consiguieron la soledad y el dolor. El frío penetraba sus huesos y los agrietaban lentamente, solo la calidez de aquellos arcos rozando las cuerdas conseguían mantenerla en pie. No escuchaba más que aquella melodía que corría eternamente hacia el clímax, hacia lo más agudo, sin necesidad de graves, sin necesidad de ayuda. Pero el camino se hacía interminable. Temía que el no escuchar nada más que aquel roce la hiciera perderse, morir, resucitar, reír, llorar, recordar, fracturarse en mil pedazos que se repartirían entre cada una de las notas de aquella obra de su vida. Los agudos ya culminaban en sus oídos.
 Y de repente, silencio. Silencio tras la tormenta. Silencio tras la vida. Silencio como elemento más de la partitura, del arte que corría por sus venas, sangre, pasión. Silencio que agarrotaba. Que no terminase jamás aquello, deseaba. Pero todo llega a su fin, creía. No quería abrir los ojos y abandonar aquel paradisíaco y exótico lugar. Viviría allí eternamente o moriría para no tener nunca que admitir que se fue para siempre. Y tras esa decisión fue como volvió, aunque de forma contradictoria, a abrir los párpados, empapados, doloridos de la presión y la fuerza con que los había sostenido. Así fue como abrió los ojos a un mundo de oscuridad eterna, pero sin dolor, sin alma, sin preocupaciones, con pasión. Era una muerta en vida y todo esto no eran más que letras en una hoja rota que pincelaba mientras escuchaba música, mientras saboreaba cada intervención, cada disonancia y, por supuesto, cada silencio. Cada abismo. Cada encuentro contigo nunca sucedido.

viernes, 27 de febrero de 2015

Hilo. Mucho hilo.

Estaba esperando una llamada y su mirada no hacía más que dirigirse a las revistas de moda amontonadas en las esquinas de su habitación. No se había dado cuenta de todo por lo que había tenido que pasar para llegar hasta ahí. Tantos años de no dormir, coleccionando tazas de café en el escritorio, acompañada de decenas de lápices de colores, gomas de borrar, reglas  y tanta otra instrumentaria como había conseguido duramente comprar de su propio bolsillo este tiempo atrás.  Mas no era un gran problema, al fin y al cabo se sentía orgullosa de lograr cosas por sí misma, con esfuerzo y empeño, con maña. Como llevaba haciendo desde pequeña. Por las noches en cuanto podía y ‘’estaba todo despejado’’, asaltaba el cajón donde su madre guardaba las revistas, por supuesto, solamente las de moda y sin esperar ni un momento, corría hacia su cuarto y las ojeaba con ilusión, mientras la curiosidad por aprender más la devoraba por dentro. Años después comenzó con el dibujo, los bocetos, jugando con la imaginación, perfilando invenciones propias, bordeando prendas plasmadas en blancos folios. Le gustaba confeccionar sus propios conjuntos e imaginarlos siendo  llevados por personas anónimas en cualquier lugar del mundo. Un tiempo más tarde, se propuso transformar lo anteriormente plasmado en simple trozos de papel en realidad. A partir de ahí todo se iba complicando, necesitaba más materiales, más tiempo que dedicarle y la verdad, no tenía muchos medios. Pero no le hizo falta nada más para darse cuenta de que aquello era su pasión, lo que le llenaba y lo que la hacía feliz. No le importaba sufrir si tenía que ver con la moda, con diseñar, crear y confeccionar, era lo que deseaba y no se iba a rendir. Poco a poco, fue consiguiendo lo que se proponía, pero no fue nada fácil, muchas veces terminaba por agobiarse, la ilusión se volvía intermitente, pero solo necesitaba volver a pensar en todo lo que había trabajado y en que la clave de aquella puerta que quería abrir hacia el mundo de la moda, era la constancia. Finalmente creó un blog en internet en el que colgaba sus creaciones, eso sí, con ayuda de sus amigas, a las cuales vestía, fotografiaba y desesperaba con su nerviosismo, era realmente feliz con ello, aunque dudase de si alguien visitaba aquella página.

 Un impertinente sonido la volvió a colocar en el presente. ¡Era su teléfono móvil! Sin pensarlo ni un momento, se dispuso a cogerlo. Pero desgraciadamente resbaló por el sudor que impregnaba sus manos y cayó al suelo. Había dejado de sonar. Asustada lo recogió y descubrió que aun continuaba la llamada entrante, solo que se había silenciado al golpearse el botón  lateral.

-¿Sí?

-Hola, cariño, ¿te han llamado ya?

-¡Mamá! –gritó la chica desesperada,- te dije que ya te llamaría yo. ¡Te juro que como me entre la llamada y no la pueda coger…!

-Tranquila, hija, no te desesperes, que sacas polvo de lo mojado. Anda, cuelgo y ya me contarás ¡Pero no tardes!

 Era lo que le faltaba, toda una vida trabajando, para perderse la llamada que posiblemente le cambiaría la vida. Pero justo después volvió a sonar el teléfono.

-¿Sí?

-Hola, buenos días, ¿es usted Dalia Vogue? –preguntó una voz fría, aguda y desgarradora.

-Así es, soy yo –respondió nerviosa y a la vez ilusionada la chica.

-Bien, ha sido preseleccionada para participar en nuestro concurso de jóvenes talentos, organizado y constituido por los mejores del sector del diseño. En unas horas le mandaremos las indicaciones a seguir en los próximos días al correo que usted nos proporcionó en la ficha adjuntada con su proyecto. Enhorabuena. –la voz seguía sonando cortante, pero aun así, la ilusión de Dalia desbordaba su mente como para pensar en ello.

-¿De… de verdad? Muchísimas gracias, no me lo puedo creer, gracias de verdad. Estoy muy agradecida, es un honor…-balbuceaba la chica.

-Le felicitamos y esperamos que sea consciente del privilegio que esto implica. Y recuerde, no olvide consultar su correo. –respondió la mujer al otro lado de la línea.

-Eh sí, claro, no lo olvidaré, adiós, muchas gracias de nuevo.-finalizó la joven justo antes de colgar el teléfono para poder llamar de una vez a su madre.

 Y así fue, esa llamada le cambió la vida, era su oportunidad para abrir aquella puerta que siempre había estado cerrada. Todo este tiempo había merecido la pena, porque se iba a encontrar en unos meses entre los más grandes. Solo necesitaba un esfuerzo más. Un esfuerzo más para seguir exprimiéndose al máximo,  pero en la cima.

 Para las primeras sesiones del concurso, había que preparar una exposición de presentación de la marca creada por cada participante. <<¿Cómo podía ser algo tan fácil y difícil a la vez?>> se preguntaba la chica, eso de explicar en unos minutos todo lo que había ido elaborando durante su vida le parecía algo realmente complicado, pero solo le hizo falta concentrarse y plasmar. Recordar, revivir y por supuesto resumir. Tras el paso de varias lunas por su ventana, consiguió terminarla.  Nunca había estado tan  ilusionada, nerviosa y emocionada a la vez. Ya solo faltó esperar a que llegase el día de exponerla. Y no tardó.

 Al salir de aquel estrafalario edificio el primer día, no sabía cómo se sentía, le había salido bastante bien e incluso había notado que a los jueces le había gustado, pero  ¿y si no había sido suficiente? Se preguntaba. Las próximas sesiones fueron sobre ruedas, la suerte estaba de su parte.

 No podía creerlo, todos los días acababa llorando en su casa, sobre las telas de su vieja habitación, mojando los bocetos que tantos años había ido acumulando y emborronando el rotulador de los cientos de apuntes que iba guardando: ideas, materiales necesarios, recordatorios… Y sí. Lloraba de felicidad. Estaba en la final y, al parecer, todo este tiempo atrás, había ido triunfando.

Finalmente tras unas semanas más de estrés  y tensión, tenía todo preparado, perfectamente calculado, milimetrado y encajado a la perfección. El último y decisivo reto consistía en una sesión de fotos con alguna de sus creaciones, decoración a elegir y un modelo aportado por la compañía del concurso; y ella tenía la solución ideal.

 Solo estaba a unos pasos del edificio que podría hacerle la chica más feliz del mundo. Corriendo cruzaba las calles porque llegaba tarde a la sesión de fotos y ni se le pasaba por la cabeza la idea de llegar tarde. Pero de repente, solo pudo oír un horrible estruendo acompañado de un dolor tan intenso que provocó que la chica perdiera el conocimiento. Estaba tirada en medio de la carretera.

 Todo lo que sucedió después tuvo que averiguarlo unos días más tarde, aunque le era indiferente, solo le preocupaba  ahora si el mundo de la moda aceptaría a una chica minusválida con ganas de comerse el  mundo a base de agujas e hilo. Mucho hilo. 

martes, 17 de febrero de 2015

I'll be your planet.

I think I'm gonna kiss you,
I'm gonna wait no more,
If i fail with that decision,
Also I'm gonna fall in love.

So many weeks before this moment,
Your dark eyes entered in my heart,
My stomach was like an explosive,
And I thought that my dreams gonna go high.

You don't have to be worry,
I promise you that I'll be sweet,
You only have to kiss my life,
And I'll be a planet where you can forever live.

I think that I can't live without you,
I think that I don't want to live without you,
Can you see it? I love your wry smile,
Please don't wait anymore, love is wild.

I know that you want to give me everything,
Because I'm the balloon and you are the wind,
Day after day I want your breathing by my breathing,
And I want your dark skin.

These are my last words for you,
Because I can write until the end of times,
My life is waiting for you to come,
But beat by beat my heart is gonna dye.

martes, 13 de mayo de 2014

Saltemos.

Levantar la mirada, encontrarnos con los ojos, querer arañarte cada milímetro de la espalda, querer desgarrar esos labios a bocados y salvajes besos. Querer arrancarte esa camiseta con las pupilas, dilatadas por la pasión que nos distancia. Saltar al abismo agarrados por las piernas, por los brazos, por la espalda, por el cuello, con la adrenalina por lo más alto, haciéndonos estallar y reventando nuestros tímpanos a gritos. Amarnos hasta notar dolor en cada una de las venas de nuestros cuerpos. Mi pelo golpeando tu cara y mis labios empapados de tu desesperación, de tu rabia y no parar de caer. Saltamos al vacío sabiendo que va a doler, pero da igual, el suelo nos salvará porque solo quiero morder cada uno de tus rincones y conseguir desatar tu rabia y tu ardiente corazón entre mis manos, mis ojos, mi dolor. Quiero morir de amor.

sábado, 19 de abril de 2014

Lágrimas corrosivas.

 Quedarte pensativo mirando al infinito, a un vacío inmenso, como el que se creo hace tiempo en tu interior. Te sientes solo, pero no estás solo. Te está desgarrando algo y no sabes qué. Odias tu entorno, no te sientes aceptado: te odias, te odian, o eso crees percibir. Te sientes imperfecto, más bien, totalmente un error, no encajas, no sabes donde deberías de ir, qué lugar ocupas, qué debes de hacer ahora, qué deberías haber hecho o no para poder conseguir estar medianamente bien. ¿Dónde estoy? ¿Qué hago? ¿Dónde voy? La incomodidad te aturde. ¿Quién de verdad te aprecia en estos instantes? ¿Quién vendría ahora mismo a abrazarte hasta conciliar el sueño aun con lágrimas en los ojos? Solo se vive una vez, una única e insignificante vez y aun permites que se creen esos horribles caudales por tu tez, desgarrándola y enrojeciendo tus ojos, manchando y humedeciendo las hojas de papel que habitan en la superficie de tu escritorio, blancas, tan blancas como tu piel fría y solitaria, como tú, como el bolígrafo que nunca coges a falta de inspiración. Te recorren sensaciones horribles, ¿síntomas de la soledad psicológica? No te ves capaz de conseguir lo que tanto deseas, no te sientes libre a pesar de que puede que ya lo seas. No puedes evitar observar como pasa el tiempo y tú sigues quieto, plantado en el borde de la silla, mirando por la ventana a un lugar que no existe, un lugar que no conoces, tienes calor, tienes frío, tienes miedo. Ni la cosa más bella del mundo puede hacerte feliz ahora. No sabes qué necesitas. Tantas cosas a tu alrededor, tantas que no valen nada, que de verdad no tienen ningún valor, como la mayoría de las palabras que terminan desapareciendo con el viento e inclusive sin él. ¿Qué está pasando? No tienes motivos que te ayuden a continuar, pero aun así lo intentas, los buscas, pero ya no quedan lugares por descubrir cerca de ti, crees que tu felicidad está más allá de tu alcance, que ni si quiera llegas a rozarla con la punta rosada de tus dedos. Escribir con lágrimas en los ojos, observar los últimos rayos de Sol que entran por la ventana, seguir con la mirada las aves que felices parecen revolotear en el cielo encima de ti, mirar como las nubes se desplazan por el leve viento, recordar palabras dichas y olvidadas, despreciadas y ridiculizadas. Cualquier cosa te hace llorar. No sabes cual es tu objetivo. Joder, ¿dónde se encuentran esos abrazos que te recomponen? ¿Alguien me explica mi utilidad?  Escalofríos horripilantes, música triste, un piano desgarrador, ojos rojos, nudo corroedor en la garganta, sudores helados, el cuerpo encogido y frío y las hojas de papel aun en blanco, como tu mirada, como tus globos oculares, como tu corazón inocente y dolorido, como tu mente, como tus manos con las que te acaricias los brazos cuando pretendes sentir un calor que ninguna otra persona te proporciona, porque no está ahí, porque no existen, nadie existe, son simples personas que se preocupan de sí mismos y les reconcome el egocentrismo. Hey, que esas gotas interminables que brotan de tu cara se están llevando la tinta de tu papel cuadriculado, no dejes que te lo arrebaten, es lo único que te queda, guárdalo, llévalo contigo, escribe, pintarrajea y rompe, quema, saca tu furia, déjala esfumarse, déjala que vuele, como debería hacer tu mente, para no quedar encerrada en esa cárcel a la que llaman cuerpo, muéstrale el camino, porque si tu mente vuela, si tu mente es libre ¿por qué no tú? 

domingo, 6 de abril de 2014

En blanco.

 No sé si las páginas en blanco me matan o me enamoran. Me llaman y me ruegan ser escritas, me piden que les acaricie con la punta de cualquier mísero bolígrafo con un ritmo constante. Desean estar repletas de historias interminables, de acción, romance, realidad y ficción y delimitadas por puntos y comas adornándolas bellamente. Piden a gritos frases, párrafos, textos y dibujos que recorran cada una de sus esquinas blanquecinas. Sin embargo, yo soy incapaz de ello y me siento incluso culpable. Espero volver pronto. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

¿Hola?

 Le echo de menos. Echo de menos lo que yo fui una vez y lo que él me hizo ser: una persona totalmente feliz. Desde el principio de nuestros días el sabía como tratarme, me cuidada y me hacía sentir única. Recuerdo que me dolía. Me dolía el abdomen de reír cuando pasábamos tiempo juntos. Él sabía como actuar a cada momento, él sabía cómo picarme para luego acabar entre risas y besos. Sólo el sabía cómo mirarme para conseguir que mi mente se transportase a un lugar inimaginable. Él me besaba como nunca nadie lo había hecho, con una ternura tremenda, me acariciaba con sus labios y jugaba con mi sonrisa. Me enamoraba con sus palabras, con sus gustos, sus opiniones, sus ideas claras y su seguridad para hacer las cosas. Sólo el conocía mis comidas favoritas. Le gustaba venir a mi casa a hacer deberes, o intentarlo, porque sus mimos me llamaban a gritos. Nunca llegó a hacerme daño porque me quería muchísimo. Nuestras posibles discusiones duraban poco, porque no nos gustaba ni lo más mínimo esas situaciones. Siempre fue sincero conmigo y nunca tuvo nada que ocultar. Sólo él sabía como abrazarme por la espalda lentamente o incluso besarme el cuello para conseguir que un escalofrío recorriese mi piel. Nos gustaba mucho viajar a otras ciudades para grabar recuerdos en nuestras mentes. Sus piropos eran los más sinceros del mundo y sus manos las que más calidez me transmitían. Muchas tardes disfrutábamos de la música, en cambio, otras, del cine. Nos gustaba salir a cenar de vez en cuando y tener largas conversaciones con intercambio de conocimientos. Todas las canciones me recordaban a él y todas las noches aparecía en mis sueños. En verano nos gustaba ir a la piscina para chapotear como niños pequeños y tomar el Sol uno en frente de otro, compartiendo cariño... En cambio en invierno, nos gustaba refugiarnos entre las mantas. En privado hacíamos de los dos una sola persona. Las horas con él eran minutos hasta que un día se fue y se llevó consigo mi sonrisa, dejándome a solas con mis lágrimas. Desapareció para siempre. Poco a poco me fui acostumbrando a estar sin él, sin sus palabras, sin su amor, sin nada, hasta que llegué a hacerme una pregunta.



                                         ~ ¿Desapareció o nunca llegó a existir?