sábado, 19 de abril de 2014

Lágrimas corrosivas.

 Quedarte pensativo mirando al infinito, a un vacío inmenso, como el que se creo hace tiempo en tu interior. Te sientes solo, pero no estás solo. Te está desgarrando algo y no sabes qué. Odias tu entorno, no te sientes aceptado: te odias, te odian, o eso crees percibir. Te sientes imperfecto, más bien, totalmente un error, no encajas, no sabes donde deberías de ir, qué lugar ocupas, qué debes de hacer ahora, qué deberías haber hecho o no para poder conseguir estar medianamente bien. ¿Dónde estoy? ¿Qué hago? ¿Dónde voy? La incomodidad te aturde. ¿Quién de verdad te aprecia en estos instantes? ¿Quién vendría ahora mismo a abrazarte hasta conciliar el sueño aun con lágrimas en los ojos? Solo se vive una vez, una única e insignificante vez y aun permites que se creen esos horribles caudales por tu tez, desgarrándola y enrojeciendo tus ojos, manchando y humedeciendo las hojas de papel que habitan en la superficie de tu escritorio, blancas, tan blancas como tu piel fría y solitaria, como tú, como el bolígrafo que nunca coges a falta de inspiración. Te recorren sensaciones horribles, ¿síntomas de la soledad psicológica? No te ves capaz de conseguir lo que tanto deseas, no te sientes libre a pesar de que puede que ya lo seas. No puedes evitar observar como pasa el tiempo y tú sigues quieto, plantado en el borde de la silla, mirando por la ventana a un lugar que no existe, un lugar que no conoces, tienes calor, tienes frío, tienes miedo. Ni la cosa más bella del mundo puede hacerte feliz ahora. No sabes qué necesitas. Tantas cosas a tu alrededor, tantas que no valen nada, que de verdad no tienen ningún valor, como la mayoría de las palabras que terminan desapareciendo con el viento e inclusive sin él. ¿Qué está pasando? No tienes motivos que te ayuden a continuar, pero aun así lo intentas, los buscas, pero ya no quedan lugares por descubrir cerca de ti, crees que tu felicidad está más allá de tu alcance, que ni si quiera llegas a rozarla con la punta rosada de tus dedos. Escribir con lágrimas en los ojos, observar los últimos rayos de Sol que entran por la ventana, seguir con la mirada las aves que felices parecen revolotear en el cielo encima de ti, mirar como las nubes se desplazan por el leve viento, recordar palabras dichas y olvidadas, despreciadas y ridiculizadas. Cualquier cosa te hace llorar. No sabes cual es tu objetivo. Joder, ¿dónde se encuentran esos abrazos que te recomponen? ¿Alguien me explica mi utilidad?  Escalofríos horripilantes, música triste, un piano desgarrador, ojos rojos, nudo corroedor en la garganta, sudores helados, el cuerpo encogido y frío y las hojas de papel aun en blanco, como tu mirada, como tus globos oculares, como tu corazón inocente y dolorido, como tu mente, como tus manos con las que te acaricias los brazos cuando pretendes sentir un calor que ninguna otra persona te proporciona, porque no está ahí, porque no existen, nadie existe, son simples personas que se preocupan de sí mismos y les reconcome el egocentrismo. Hey, que esas gotas interminables que brotan de tu cara se están llevando la tinta de tu papel cuadriculado, no dejes que te lo arrebaten, es lo único que te queda, guárdalo, llévalo contigo, escribe, pintarrajea y rompe, quema, saca tu furia, déjala esfumarse, déjala que vuele, como debería hacer tu mente, para no quedar encerrada en esa cárcel a la que llaman cuerpo, muéstrale el camino, porque si tu mente vuela, si tu mente es libre ¿por qué no tú? 

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