viernes, 27 de febrero de 2015

Hilo. Mucho hilo.

Estaba esperando una llamada y su mirada no hacía más que dirigirse a las revistas de moda amontonadas en las esquinas de su habitación. No se había dado cuenta de todo por lo que había tenido que pasar para llegar hasta ahí. Tantos años de no dormir, coleccionando tazas de café en el escritorio, acompañada de decenas de lápices de colores, gomas de borrar, reglas  y tanta otra instrumentaria como había conseguido duramente comprar de su propio bolsillo este tiempo atrás.  Mas no era un gran problema, al fin y al cabo se sentía orgullosa de lograr cosas por sí misma, con esfuerzo y empeño, con maña. Como llevaba haciendo desde pequeña. Por las noches en cuanto podía y ‘’estaba todo despejado’’, asaltaba el cajón donde su madre guardaba las revistas, por supuesto, solamente las de moda y sin esperar ni un momento, corría hacia su cuarto y las ojeaba con ilusión, mientras la curiosidad por aprender más la devoraba por dentro. Años después comenzó con el dibujo, los bocetos, jugando con la imaginación, perfilando invenciones propias, bordeando prendas plasmadas en blancos folios. Le gustaba confeccionar sus propios conjuntos e imaginarlos siendo  llevados por personas anónimas en cualquier lugar del mundo. Un tiempo más tarde, se propuso transformar lo anteriormente plasmado en simple trozos de papel en realidad. A partir de ahí todo se iba complicando, necesitaba más materiales, más tiempo que dedicarle y la verdad, no tenía muchos medios. Pero no le hizo falta nada más para darse cuenta de que aquello era su pasión, lo que le llenaba y lo que la hacía feliz. No le importaba sufrir si tenía que ver con la moda, con diseñar, crear y confeccionar, era lo que deseaba y no se iba a rendir. Poco a poco, fue consiguiendo lo que se proponía, pero no fue nada fácil, muchas veces terminaba por agobiarse, la ilusión se volvía intermitente, pero solo necesitaba volver a pensar en todo lo que había trabajado y en que la clave de aquella puerta que quería abrir hacia el mundo de la moda, era la constancia. Finalmente creó un blog en internet en el que colgaba sus creaciones, eso sí, con ayuda de sus amigas, a las cuales vestía, fotografiaba y desesperaba con su nerviosismo, era realmente feliz con ello, aunque dudase de si alguien visitaba aquella página.

 Un impertinente sonido la volvió a colocar en el presente. ¡Era su teléfono móvil! Sin pensarlo ni un momento, se dispuso a cogerlo. Pero desgraciadamente resbaló por el sudor que impregnaba sus manos y cayó al suelo. Había dejado de sonar. Asustada lo recogió y descubrió que aun continuaba la llamada entrante, solo que se había silenciado al golpearse el botón  lateral.

-¿Sí?

-Hola, cariño, ¿te han llamado ya?

-¡Mamá! –gritó la chica desesperada,- te dije que ya te llamaría yo. ¡Te juro que como me entre la llamada y no la pueda coger…!

-Tranquila, hija, no te desesperes, que sacas polvo de lo mojado. Anda, cuelgo y ya me contarás ¡Pero no tardes!

 Era lo que le faltaba, toda una vida trabajando, para perderse la llamada que posiblemente le cambiaría la vida. Pero justo después volvió a sonar el teléfono.

-¿Sí?

-Hola, buenos días, ¿es usted Dalia Vogue? –preguntó una voz fría, aguda y desgarradora.

-Así es, soy yo –respondió nerviosa y a la vez ilusionada la chica.

-Bien, ha sido preseleccionada para participar en nuestro concurso de jóvenes talentos, organizado y constituido por los mejores del sector del diseño. En unas horas le mandaremos las indicaciones a seguir en los próximos días al correo que usted nos proporcionó en la ficha adjuntada con su proyecto. Enhorabuena. –la voz seguía sonando cortante, pero aun así, la ilusión de Dalia desbordaba su mente como para pensar en ello.

-¿De… de verdad? Muchísimas gracias, no me lo puedo creer, gracias de verdad. Estoy muy agradecida, es un honor…-balbuceaba la chica.

-Le felicitamos y esperamos que sea consciente del privilegio que esto implica. Y recuerde, no olvide consultar su correo. –respondió la mujer al otro lado de la línea.

-Eh sí, claro, no lo olvidaré, adiós, muchas gracias de nuevo.-finalizó la joven justo antes de colgar el teléfono para poder llamar de una vez a su madre.

 Y así fue, esa llamada le cambió la vida, era su oportunidad para abrir aquella puerta que siempre había estado cerrada. Todo este tiempo había merecido la pena, porque se iba a encontrar en unos meses entre los más grandes. Solo necesitaba un esfuerzo más. Un esfuerzo más para seguir exprimiéndose al máximo,  pero en la cima.

 Para las primeras sesiones del concurso, había que preparar una exposición de presentación de la marca creada por cada participante. <<¿Cómo podía ser algo tan fácil y difícil a la vez?>> se preguntaba la chica, eso de explicar en unos minutos todo lo que había ido elaborando durante su vida le parecía algo realmente complicado, pero solo le hizo falta concentrarse y plasmar. Recordar, revivir y por supuesto resumir. Tras el paso de varias lunas por su ventana, consiguió terminarla.  Nunca había estado tan  ilusionada, nerviosa y emocionada a la vez. Ya solo faltó esperar a que llegase el día de exponerla. Y no tardó.

 Al salir de aquel estrafalario edificio el primer día, no sabía cómo se sentía, le había salido bastante bien e incluso había notado que a los jueces le había gustado, pero  ¿y si no había sido suficiente? Se preguntaba. Las próximas sesiones fueron sobre ruedas, la suerte estaba de su parte.

 No podía creerlo, todos los días acababa llorando en su casa, sobre las telas de su vieja habitación, mojando los bocetos que tantos años había ido acumulando y emborronando el rotulador de los cientos de apuntes que iba guardando: ideas, materiales necesarios, recordatorios… Y sí. Lloraba de felicidad. Estaba en la final y, al parecer, todo este tiempo atrás, había ido triunfando.

Finalmente tras unas semanas más de estrés  y tensión, tenía todo preparado, perfectamente calculado, milimetrado y encajado a la perfección. El último y decisivo reto consistía en una sesión de fotos con alguna de sus creaciones, decoración a elegir y un modelo aportado por la compañía del concurso; y ella tenía la solución ideal.

 Solo estaba a unos pasos del edificio que podría hacerle la chica más feliz del mundo. Corriendo cruzaba las calles porque llegaba tarde a la sesión de fotos y ni se le pasaba por la cabeza la idea de llegar tarde. Pero de repente, solo pudo oír un horrible estruendo acompañado de un dolor tan intenso que provocó que la chica perdiera el conocimiento. Estaba tirada en medio de la carretera.

 Todo lo que sucedió después tuvo que averiguarlo unos días más tarde, aunque le era indiferente, solo le preocupaba  ahora si el mundo de la moda aceptaría a una chica minusválida con ganas de comerse el  mundo a base de agujas e hilo. Mucho hilo. 

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