miércoles, 28 de agosto de 2013

ENTRADA ESPECIAL CUMPLEAÑOS: SIN TÍTULO.

 Las paredes de mi cuarto retumban debido a la música que lo inunda. Mi cabeza desecha los recuerdos y problemas que intentan corroerme por dentro. Me seco las mejillas con la camiseta que llevo puesta y justo después, me la quito. Me dirijo al cuarto de baño y dejo que corra el agua de la ducha para que tome su temperatura ideal, mientras tanto bailo y olvido, canto. Me meto bajo el agua, cierro los ojos y empiezo a imaginar: ¿Cómo sería una sociedad perfecta? O ¿Qué necesita para serla? Bueno, entiendo que la perfección no existe, pero, ¿cómo podría mejorarse? ¿No existiendo el dolor? ¿La hipocresía? ¿EL AMOR? O, simplemente nuestro problema es el orgullo, la falta de valentía y el egoísmo. Tres grandes problemas, tres grandes males endémicos de la sociedad. Esa falta de valentía que impide que te expreses, que digas lo que piensas, ese orgullo que hace que pierdas cosas importantes de tu vida, incluso oportunidades; ese egoísmo, ese egocentrismo... ¿Dónde se encuentra el bienestar con los demás? ¿Dónde se perdió la sinceridad? ¿Dónde se halla la valentía? ¿Qué ha sido del verdadero ser humano? ¿Por qué la hipocresía aplasta? Demasiadas preguntas para tan pocas respuestas. Salgo de la ducha y me seco. Paso la toalla por mi húmeda piel y justo después me visto. Me voy. Hoy me da igual todo.
Salgo a la calle, el aire acaricia mi cara y mueve mi pelo dulcemente. Ando despacio y sin miedo, con pasos seguros. Voy a pasarlo bien con poco, sola. Combatiré lo que me moleste. En las calles no hay apenas gente, es tarde para estar por aquí. Cuando paseo sola por la calle comienzo a pensar en lo que me rodea, en los problemas, en la gente, en las palabras que salen o no de sus bocas, en qué es lo que me merezco y si realmente merezco lo que me ocurre. Ni si quiera sé lo que hago para conseguir tantas cosas que no me gustan, no lo entiendo. Pero, PARA. No quiero seguir pensando en todo eso, hoy me como el mundo y no el coco. Decido yo.
 Unas calles más adelante se comienza a escuchar bullicio y me pongo nerviosa. No, no, no, lo que se empieza, se termina. Lo pasaré bien. Me pongo en frente de la puerta y me piden el DNI.
-Aquí tiene.
-Gracias.
 Y entro, está lleno, la música se introduce por mis oídos y hace vibrar mis tímpanos. Todo el mundo lleva vasos en la mano, pero yo no necesito eso para divertirme. El caso es que voy sola, pero, ¿qué más da? Alzo la vista y diviso rostros conocidos. Voy al centro de la pista y cierro los ojos. La música parece aumentar de volumen en mi interior y mi cuerpo empieza a moverse por sí solo, al ritmo, sin miedo y empiezo a olvidarme de mi exterior.
 Cada sonido, cada melodía, cada letra me da el cariño que necesito, ¿qué más podría pedir? Suena otra canción y sin querer abro los ojos, unas chicas se han girado para mirarme y hablan, pero no las escucho. Mi instinto me pide que pare, me ruborizo y me da vergüenza. Aunque... un momento, ¿vergüenza? ¿Qué es eso? ¿Algo que nos debilita? ¿Algo que nos echa atrás cuando se nos presentan grandes ocasiones? Lo que sí sé es que sobra. Mis párpados vuelven a cerrarse, me siento bien. Bailo, bailo a más no poder, me da igual lo que me rodea, sonrío e incluso suelto una carcajada. Y de repente, algo acaricia mi mano, la coge y la aprieta suavemente, me da un escalofrío, me paro en seco y abro los ojos.
-No bailes sola.- me dice.
-No me siento sola. Es lo que necesito.- respondo a la vez que vuelvo a seguir el ritmo de la música.
-¿Qué bebes?- pregunta.
-¿Yo? Nada.
-¿Nada?- formula extrañado,- ¿Y bailas sola?
-No necesito a nadie más.
-Pues, puede que no necesites a nadie más, pero yo me presento voluntario para hacerte compañía.-insiste.
 Sonriente hago un gesto para que se calle y vuelvo a ser la de antes pero con compañía. La chica conquistada por la música. Y sin más, suena otra canción distinta, pero esta me molesta un poco y hace que de un sobresalto abra los ojos . Estoy en mi cuarto envuelta en mis sábanas azul turquesa, me siento en el borde de la cama, pongo los pies en el suelo y noto que está frío. Otro sueño perfecto más. Cojo el móvil para mirar la hora. Las ocho. Pero además tengo un mensaje:


''Gracias por haber bailado conmigo esta noche.'' 

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