miércoles, 29 de mayo de 2013
Olor a verano.
Aun sigo notando los nervios estomacales de hace unos fines de semana, de aquel momento en el que se acercó a mí y nuestros labios jugaron durante unos segundos, esa sensación de no querer dejar que se fuera, aun perdura en mi interior.
Aproximándose el verano, deseo tener tiempo libre y salir de esta ciudad. Pero, imagínate, ¿y si me fuera con él? Un fin de semana por lo menos.
Amanece y el autobús nos espera en el anden 4, con el motor ya arrancado. Tras tomar asiento, le miro, y sonrío, porque no puedo evitarlo. Me devuelve el gesto. El bus se pone en marcha. Allá vamos.
Tras una hora, nos acercamos más a nuestro destino, vamos a la costa. Estoy apoyada en su hombro y su mano me rodea transmitiéndome calidez, me acerco y tímidamente le beso, sus labios me lo pedían a gritos, o eso me pareció notar.
Vuelvo a mi posición y me quedo dormida. Al abrir los ojos ya hemos llegado.
Salimos de la estación y al cruzar varias calles, divisamos el mar.
-Vamos.
Solo estaremos un día, pero va a ser genial. La playa no está muy llena.
+Nos ponemos allí.
Nada más llegar, quitamos la ropa sobrante y nos quedamos en bañador y bikini. El sol acaricia mi piel. Durante unos minutos, entre risas y cosquillas jugamos con el spray de crema solar rociándolo en nuestra clara piel. Nos tumbamos en toallas diferentes. Nos relajamos. Sin que se de cuenta, voy corriendo al agua y me sumerjo lentamente notando como se empapa cada una de mis partes del cuerpo, dándome esa sensación a verano de todos los años, aunque realmente sé que esta vez es mi favorita; salgo y me echo encima de él, haciendo que se sobresalte. Me aparta y rodamos por la arena quedando él encima, entonces, se inmoviliza de repente. Me mira fijamente a los ojos y poco después a los labios. Me encanta. Se aproxima y me muerde suavemente el labio, yo se lo devuelvo y me besa. Esta vez, es más largo, nuestros labios bailan al compás y poco a poco nos fundimos. Nos aislamos. Volvemos a girar, y yo quedo encima, beso su cuello suavemente, percibo un agradable olor a arena, agua salada, a su piel tostada por el Sol, un olor a verano y cierra los ojos. Se levanta de repente y me dice:
-Ven.
Me pongo en pie cubierta de granitos arena por todos lados, me agarra de la mano y me arrastra hacia el agua, entramos corriendo y notamos el agua que salpica entrando en contacto con el mar. Jugamos felices durante un rato, dándonos amor y cariño.
Se va acabando el día. Tumbados juntos, cara a cara, disfrutamos del momento. Cada pocos minutos aparecen nuevos mimos, caricias y besos.
El sol se va escondiendo tras el infinito mar del horizonte. La arena se enfría y el mar nos despide con olas relajantes y agradables para nuestros oídos mientras recogemos nuestras pertenencias.
-Espero volver a repetir.
+Y yo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
"él" lleva tilde jajaja
ResponderEliminarLo sé, es más, hay otros cuantos errores en este texto que he de corregir.
EliminarA causa de la inspiración momentánea de aquel día y de la falta de medios, escribí este relato en las notas de mi teléfono móvil y desde ahí lo publiqué directamente. Perdón por mis erratas.
ESCRIBE
ResponderEliminarUN
LIBRO
Eso es lo que quiero.
EliminarPues que nadie te lo impida, hazlo.
Eliminar