jueves, 14 de marzo de 2013

La balanza.


La vida no es tan fácil como parece. Todo es muy duro y conforme pasa el tiempo aumenta el nivel de dificultad. Naces siendo una personita feliz que no entiende nada, una etapa sin complejidad, sin problemas, en ese tiempo la inocencia iba por encima de todo. Pero todo empieza a cambiar año tras año. Comienzas a independizarte, a no depender de nadie, a madurar, a tener problemas, dudas, curiosidades, adquieres vida propia. Pero la balanza está siempre en equilibrio, unos bien y otros mal. Es duro. En esta etapa conoces el otro uso de la palabra dolor que durante tantos años había significado algo físico, como lo que producía una herida en la rodilla. A partir de ahí, es como algo inevitable, algo que te hace pensar, llorar, gritar, odiar, querer y aprender de tus errores. Este dolor es el más difícil de olvidar, de disolver, de hacer desvanecer, porque es más profundo. Y que cuando se ha ido, te das cuenta de algo. No se ha ido. Nunca se fue. Simplemente, has aprendido convivir con él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario