Cruzáis las miradas y sabes que por
mucho que lo intentes, no va a ocurrir nada. Pasas por su lado y
entra el olor de su perfume por tus orificios nasales, tu mente vuela
y viaja a un lugar junto a esa persona, enamorados, sabiendo que nada
os va a separar porque ya no hay distancia entre vuestros corazones;
de repente gira la esquina del pasillo y todo se desvanece como el
vaho en invierno.
Sabes que no puedes estar mal con él,
porque aunque no te des cuenta, te vas apagando lentamente y le
necesitas No es una necesidad imprescindible, pero es como un
complemento que si falta, te pesa el vacío que produce en tu
interior y es que te encanta.
Le miras cuando está de espaldas y
piensas lo perfecto que sería introducir tus brazos bajo los suyos,
abrazarle paulatinamente, haciéndole notar tu aliento en su nuca y en
su oído mientras le dices lo que tanto a intentado salir de tu boca
pero nunca lo había con seguido. Te quiero.
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